Ecocidio: una relación fatal con la naturaleza

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El ecocidio es la destrucción extensa, daño o pérdida de ecosistema de un territorio dado, ya sea por mediación humana o por otras causas, a un grado tal que el disfrute pacífico por los habitantes de dicho territorio se vea severamente disminuido.

Diariamente 100 especies vivientes son llevadas a la extinción y 150 mil acres de selvas tropicales son destruidos. Cada día 2 millones de toneladas de desperdicios tóxicos son arrojadas en nuestros ríos y mares, 22 millones de toneladas de petróleo son extraídas y 100 millones de toneladas de gases de invernadero son lanzadas al aire. La destrucción de la naturaleza a gran escala, el agotamiento masivo del suelo y la extensa deforestación llevan a la interrupción de los ciclos naturales y a la irreversibilidad de la extinción. Hoy en día casos de extinción masiva ocurren con cada vez mayor frecuencia, mayor rapidez y mayor impacto que en cualquier otro tiempo. Un reporte reciente de las Naciones Unidas ha encontrado que 3 mil de las corporaciones más grandes del mundo han ocasionado $2.2 billones de ecocidio en 2008.

Si esto ocurre a nivel mundial, en México, no cambia mucho la situación. Actualmente decenas de corporaciones mineras, hidráulicas, turísticas, carreteras, energéticas, bancarias, biotecnológicas, financieras, inmobiliarias, están acabando con los recursos naturales de la nación. Apenas después de Colombia, México ocupa el segundo lugar en ecocidio referente al manglar, en el mundo. En Mazatlán, el país pierde anualmente ocho mil hectáreas de manglares. Esta cifra va en aumento debido a la construcción de la presa hidroeléctrica Aguamilpa en Nayarit, donde se autorizó la destrucción de 12 mil hectáreas de dicho ecosistema. México alberga entre cuatro y seis especies de manglares de las 50 que existen en el mundo y actualmente se está extinguiendo a un ritmo de 2.5% anual, que es casi cuatro veces más rápido que el promedio mundial de 0.66%. Que dicer de la autorización de la tala en el 33% del territorio del Nevado de Toluca.

El desequilibrio ecológico global se ha convertido en una amenaza fatal que a todos concierne y perjudica. Ahora bien, si nos vamos al nivel más local, esto es la Ciudad de México, el panorama es desalentador, el crecimiento de un ecosistema sano que tomó década en consolidarse puede verse afectado por trabajo de podas desmedidas o bien para el “bien de la ciudad”, pues se requieren talar miles de árboles para construir puentes grises y privados que atraviesan la ciudad.

En la Ciudad de México, actualmente hemos sido testigos de varios ecocidios, uno de ellos es en Cuajimalpa donde en tres años se han derrumbado más de dos mil árboles en la zona de Paraje Cruz Blanca, del poblado de San Lorenzo Acopilco, para construir un túnel para el paso del tren Interurbano. Por su parte, la Red Ecologista de la Cuenca de México ha revelado que “obras como los segundos pisos en tramos del Anillo Periférico, la Supervía Oriente, el Metrobús o la Fase 2 del Deprimido Vehicular Insurgentes Mixcoac, ha provocado la tala de por lo menos 56 mil 553 árboles”.

Esta forma de relacionarse con el medio ambiente no revela nada más que el fondo verdadero, esto es la relación del hombre con el hombre; pues la afectación que hacemos al medio ambiente termina afectando la vida del ser humano Un estudio del Instituto Nacional de Salud Pública, del año pasado, refiere 22 mil muertes por complicaciones debidas a la contaminación ambiental.

En la búsqueda de las soluciones la peor alternativa es sin duda, la integración de la ecología en la cultura dominante pues la ecología se convierte en una empresa lucrativa. Por ejemplo, cuando se plantea la exigencia de que los coches para dejar de contaminar sean provistos de aparatos catalizadores, la producción de estos aparatos y de autos aptos a recibirlos se convierten, entonces, en un negocio. Asimismo, en ciertos sectores el producto más ecológico llega a ser más competitivo y por lo tanto más rentable. Talvez la mirada deba ser dirigida a una nueva forma de entendimiento y relación con la naturaleza, a nivel mundial, la lucha indígena y la defensa de su territorio es ejemplo de ello. A nivel local, hay que dirigir la mirada a la respuesta ciudadana pues “a cada situación de crisis le corresponde una reacción civil, una respuesta ciudadana, una resistencia social que puede ser momentánea y efímera o permanente y prometedora. Se trata de nuevos movimientos sociales que sabedores de la complicidad entre el poder político y el poder económico, notable rasgo del neoliberalismo y de sus efectos destructivos, buscan nuevas maneras de resistir y remontar la situación actual” (extracto de Víctor Toledo).

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HISTORIAS TURKANA: EL LENGUAJE DE LA NATURALEZA

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PRIMERA PARTE

Creció en mi frente un árbol

Creció hacia dentro

                     ….

                                                               Acércate, ¿lo oyes?

 Octavio Paz “Árbol adentro”

 En el camino que representa esta vida, en algún momento, nos hemos detenido a revisar nuestra relación con el mundo, a hacer lo que un maestro una vez me dijo que se llama “encuentro espiritual”. Hemos detenido nuestro andar para mirar al cielo y contemplar lo pequeño y grande de esta vida y preguntarnos sobre nuestra existencia en la tierra: ¿Para qué estoy aquí? ¿Hacia dónde voy… hacía donde va la humanidad? ¿Existe Dios? ¿Quién soy? ¿Cuándo moriré? … nos hemos detenido para poder continuar con rumbo.

En esos momentos de reflexión podemos alcanzar un nivel muy alto de sensibilidad, de introspección y claridad porque el ejercicio de adentramos hacia lo más íntimo y sustancial de nuestro ser agudiza nuestros sentidos; ya que recorremos meticulosamente los recovecos y sinuosidades de todos los elementos que nos configuran como persona: miedos, deseos, sentimientos, pasado, presente, futuro, ideas, placeres, perspectivas, etc, Podemos percibir tan nítidamente (a veces confusamente) tantas cosas que antes no notábamos.

De las respuestas que encontramos ahí, en ese momento y lugar, decidimos nuestra vida, elegimos un camino.

Para contar la historia Turkana de hoy, consideré necesario este preámbulo, ya que el amigo que me contó su anécdota de medio ambiente y salud, me dijo que fue en uno de esos momentos de alta sensibilidad y de comunión espiritual, en que descubrió que la naturaleza nos intenta comunicar algo, intuyó lo que llama “el lenguaje de la naturaleza”.

Así, Juan me relató que hace algún tiempo, en su vigésimo segundo otoño de vida, mientras se preguntaba intensamente acerca de su existencia y definía sus prioridades en la vida, caminaba por un lugar de la ciudad en el que “el oxígeno del aíre eran ideas que nutrían el futuro y el destino era un atardecer que se negaba a morir”.

Absorto en sus cavilaciones Juan llegó al fin de su comprensión del mundo y detuvo su andar, como para detener también la intensidad de su pensamiento. No sabe si fue su cansancio o el viento o el tiempo o su destino o solo la asombrosa y a veces increíble casualidad quien lo detuvo. En ese momento, sintió como el aire suavemente movía su cara para dirigir su mirada hacia un árbol… hacia el tronco de un árbol… Y, como si sintiera que el mundo hiciera una pausa en su movimiento de rotación para girar al sentido contrario, Juan vislumbró el lenguaje de la naturaleza.

Me explicó cómo al observar los pliegues del tronco de un árbol, pudo desentrañar la figura de una especie de rostro arbóreo que gemía o parecía expresar un grito de dolor. Comenta que “fue como una especie de revelación… la naturaleza nos expresa que sufre, pero no lo queremos ver, aunque lo veamos lo ignoramos, preferimos darle una interpretación correcta y científica (tal vez la ciencia aun no entienda que la naturaleza se comunica) , cuando vemos el cielo gris decimos “está contaminado”, no decimos “está triste”; cuando vemos que las raíces de los árboles levantan el pavimento como si fuera un retrato de esclavos que se arrancan las cadenas, decimos “pinches árboles”, nunca decimos “pobres árboles tienen sed”; cuando vemos la tierra seca y partida como si pareciera un hombre de sin dientes y desahuciado de unos 100 años, no decimos “pobre tierra se está muriendo”… siempre interpretamos las expresiones de la naturaleza como si fuera ella fuera cosa, como si no existiera”.

En ese momento de la plática, le pregunté: ¿en tu opinión, la naturaleza tiene un lenguaje? Y él me respondió sin dudarlo “sí, pero creo que aún no lo entendemos o no lo queremos ver, creo que andamos en otro canal, para comunicarte de manera efectiva debes de estar en un mismo canal.”

Les confieso una cosa, creo que Juan tiene razón, por muy loco que parezca, si nos atenemos a considerar que la naturaleza es un ente vivo y entendemos la comunicación como “la unión que se establece entre ciertas cosas” (RAE, 2015), no es tan descabellado decir que puede existir el lenguaje de la naturaleza.

Continuará.

Historias Turkana

 

aqui comienza el camino

Mi seudónimo es “Nican Pehua” lo cual en voz Nahuatl significa: “aquí comienza el camino”. De hoy en adelante (espero sea algunos años) escribiré para “Turkana, medio ambiente y salud” una serie de historias de vida, relatos, cuentos, lo que sea que la gente que entreviste me cuente.

“Historia Turkana”, es el intento de poder presentar escritos que tengan como centro el medio ambiente y la salud, haciendo el ejercicio de articular en palabras el sentimiento, las perspectivas del futuro y el pasado de las comunidades en relación a esos temas centrales. El objetivo es presentar historias de vida que nos sensibilicen en torno a las trasformaciones de las comunidades, revisando hacia donde han ido, si esa transición ha sido consciente o inconsciente por parte de sus pobladores. La intención es poder buscar una toma de conciencia que nos permita actuar para cuidar nuestro medio ambiente y nuestra salud… Espero que se alcance algo de esto…

El método para esto es sencillo: entrevistar a personas que deseen contar su historia de vida, que nos puedan contar cómo han sido los cambios en su comunidad, qué ha pasado con los espacios verdes, qué construcciones nuevas hay, cómo se han modificado sus vida en torno estos cambios, saber sí esos cambios de hábitos han influido en su salud, en su vida en general, sí ha sido para bien o para mal… en fin muchas preguntas.

El espacio es está abierto para quien desee contar sus historias. Si a alguien le interesa contactarnos favor de enviar correo a turkanaespejosdeagua@gmail.com para poder concertar una reunión.

Para finalizar, les comparto este bello poema que acompañó al Libro de “San Pedro Mártir, Miradas verdes de lo añejo”, el cual fue un libro original de “Turkana, Medio Ambiente y Salud A.C.”

Mi patria la tierra que pisan mis pies, soy hijo del surco,

mi carne es de maíz, mi mente flor y sol.

Mi lengua la voz del viento, el gorgorear del ave.

Mi alma agua de río, que se desliza por mis venas, la

sombra del árbol de eterno descanso.

¡Soy de maíz! Flor y sol.

Marchito me acogeré en tu vientre.

Soy barro, soy polvo, soy canto, soy tuyo madre tierra.

Cuando el sol vuelva al atardecer, a sus aposentos iré con el.

A donde todo se depura para volver a nacer.

Bendito el surco, la flor y el sol que me diera el ser.

 

Poema de Antonio Romano Hernández

 

 

 

Jornada de Reforestación

El pasado 4 de septiembre de 2010 se llevó a cabo una reforestación en Fuentes Brotantes, Delegación Tlalpan.

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Taller de verano infantil de periodismo ambiental

En el colectivo Turkana, espejos de agua, trabajamos de manera cotidiana en generar acciones y estrategias orientadas a la protección, conservación y aprovechamiento sustentable del medio ambiente en la sociedad, a partir de ello, preparamos para nuestras actividades de verano el Taller de verano infantil de periodismo ambiental, que se llevó a cabo del 19 de julio al 06 de agosto en San Pedro Mártir.

El objetivo de este taller era que los niñ@s aprendieran y miraran los problemas ambientales que vivimos cotidianamente desde una perspectiva responsable y propositiva en sus acciones diarias y que se involucraran en transmitir de qué manera los problemas ambientales han afectado a ciudades y localidades como la suya -San Pedro Mártir-. Desde este punto de vista, se les proporcionó a los niños una guía para aprendieran algunos géneros periodísticos y tuvieran las herramientas necesarias para entrevistar a familiares, vecinos y a toda aquella persona que le pudiera dar datos sobre cómo era su pueblo antes de la pérdida de la biodiversidad, de la urbanización y de que entubaran el río san Buenaventura.

Es quizá una remembranza, una añoranza y por que no, un tributo a la gente que está en San Pedro Mártir desde hace muchos años y que poco a poco fue perdiendo más no olvidando la magia de lo verde, la dulzura de lo apacible y la calidez de sus vecinos.

Es pues este periódico hecho por niños para niños, abuelitos y todo aquel que quiera leer y conocer una pizca de este gran Pueblo. Es este periódico el trabajo, esfuerzo, dedicación y gran entusiasmo de siete niñ@s de edades de entre 4 y 12 años, quiénes presentan sus entrevistas, informaciones, fotografías, caricaturas y tips.

Nuestros pequeños reporteros son: Omar Velázquez (12 años), Angel Francisco Romero (12 años), Gustavo Olivares (11 años), Asami Juárez (11 años), Friné Juárez (10 años), Andreco Juárez (6 años) y el más peque Diego Olivares (4 años). Gracias a todos ellos por hacer posible este primer taller infantil de periodismo ambiental.

¿Quiénes somos?

 

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Turkana, espejos de agua, surge como colectivo el 13 de febrero de 2010 con el objetivo de generar acciones y estrategias orientadas a la protección, conservación y aprovechamiento sustentable del medio ambiente en la sociedad.

 Turkana, espejos de agua, toma su nombre del Lago Turkana (África), el cual se encuentra ubicado en el desierto mas grande del mundo y cuya vegetación y fauna son de las más singulares de la Tierra. Espejos de agua, rememora a las vasijas con agua que colocaban los aztecas en las entradas de sus hogares para limpieza y para ahuyentar a los espíritus. Así pues, Turkana, espejos azules, es el resultado de una síntesis de lo global y lo local.

 Para Turkana, espejos de agua, el medio ambiente es un patrimonio cultural. La relación sociedad-medio ambiente, hombre-naturaleza, es concebida como la posibilidad cotidiana de generar acciones de respeto, comunión y aprovechamiento sustentable del medio ambiente como fuente de vida. Por ello en Turkana, espejos de agua, hacemos una apuesta a una nueva cultura ambiental en la sociedad, en donde nos reconozcamos como una parte de la vida en la Tierra y como una especie detonante de acciones que contribuyan a convivir en armonia con el medio ambiente.

 Por lo que Turkana, espejos de agua, parte de un reconocimieto de diversidad y de forma del pluralismo, de armonía en la diversidad, de buscar alternativas de desarrollo y de sustentabilidad ecológica. Esta noción de desarrollo sustentable apela a la construcción de una nueva ética de vida, de un reencantamiento social, de un cambio de sensibilidad social y, en general, de una nueva comprensión del mundo que toma en cuenta los límites de la naturaleza y una gestión participativa de los bienes ambientales. Para Turkana, espejos de agua, esta nueva cultura puede ser generada a través de cambios cualitativos en la sociedad los cuales pueden derivar, incluso, en cambios  jurídicos, políticos y administrativos.